lunes, 25 de noviembre de 2019

LA MARINITA DEL PARQUE O'HIGGINS

  • NOMBRE: La Marinita / La Animita del Parque O'Higgins

  • COORDENADAS: 33°27'54.3"S 70°39'41.8"W

  • CIUDAD/UBICACIÓN: Parque O'Higgins de Santiago, Santiago Centro - Chile

  • DIRECCIÓN: Costado del óvalo del parque, al Sur-poniente de este sector entre el patinódromo y las canchas del club de tenis. Se sitúa hacia el lado de la avenida Beaucheff, enfrente de la calle Antofagasta.

  • CATEGORÍA: Animita urbana / Santuario popular

  • FAVORES SOLICITADOS: Por tratarse de una niña, se le solicitan favores de protección a los infantes, desde los relacionados con estudios hasta los más delicados casos de salud. Las innumerables placas agradecen también "favores" de haber encontrado trabajo, operaciones exitosas o "hacer caminar" a gente que antes tenía alguna clase de invalidez. Muchos devotos de la niña, especialmente los llegados en días sábado y domingo, son deportistas, ciclistas, atletas que entrenan en el parque o jinetes del vecino Club Hípico que se encomiendan a su generosidad. Otros milagros atribuidos a ella son de recuperaciones de dolencias físicas e impedimentos, se testimonian con los aparatos ortopédicos y las muletas que hay en el lugar. También se le solicitan peticiones de interés emocional femenino o relacionados con líos de parejas.

  • RESEÑA: Animita levantada en el lugar en donde fue asesinada brutalmente una pequeña niña llamada Marina Silva Espinoza, nada menos que por su padrastro, en mayo de 1945. Fue ultimada de tan horrenda manera que causó conmoción en la sociedad de entonces, poco acostumbrada a semejantes bestialidades. Tras la aparición del cadáver en el mismo lugar del asesinato en la mañana siguiente, la frenética cacería del asesino por parte de funcionarios de Carabineros de Chile, permitió la pronta solución del caso, que consternó a toda la ciudad y que siguió teniendo ecos varios meses más de aquel año. El móvil del sujeto había sido la molestia que le causaba la presencia de la niña en el hogar, provocando constantes problemas con su esposa, madre de la pequeña. La tradición popular agregó que Marina era una niña sordomuda.

La celebérrima animita de Santiago conocida como la Marinita o Animita del Parque O'Higgins, se encuentra a un costado del famoso óvalo del Campo de Marte, al sur-poniente de este sector entre el patinódromo y las canchas del club de tenis, junto a los juegos infantiles y los quinchos para asados. A pesar de la tragedia que lo origina, se trata de un rincón gratamente sombreado por los árboles y en donde pareciera que la devoción nunca se acabará, superando los cambios que ha experimentado la sociedad y la fe incluso en nuestra época.

La persona venerada en esta animita es Marina Silva Espinoza, una niña de la que se sabe muy poco, incluso entre sus más fieles devotos, ya que su recuerdo es orbitado por varios mitos y nubarrones. El dato principal entre todos ellos, o más bien la suposición, es que habría sido cruelmente violada y asesinada en 1945 por su padrastro y que era sordomuda. Cuentan las leyendas, además, que el fantasma de la niña se aparece jugando ante los visitantes del parque, o que los cercanos columpios infantiles se mueven solos durante las noches. Algunos cuidadores aseguraban que cosas como esta sucedían hasta tiempos recientes en el parque.

Aferrándonos a datos más reales, sin embargo, se sabe que el crimen de Marinita sucedió exactamente el 23 de mayo de aquel año, y muy posiblemente bajo el mismo árbol que ha seguido creciendo sobre el lugar de su recargada y querida animita. Esta última parece ya un pequeño santuario, supuestamente también el el lugar preciso donde habría aparecido el cadáver, pero asegurándose -por sobre todo- que la niña suele ser muy milagrosa y cumplidora con quienes lleguen a pedir favores con fe, como sucede con todas las animitas que perduran y se perpetúan en su popularidad durante el tiempo. Algunos comerciantes, de hecho, venden velas a ciertas horas del día, sabiendo que siempre habrá visitantes afligidos o angustiados deseosos de conseguir una intervención en sus vidas desde el Más Allá.

El crimen de marras sucedió en los tiempos en que Parque O'Higgins aún era conocido como Parque Cousiño y no tenía esas rejas de seguridad que ahora lo cercan por todo el perímetro. Años al final de la Segunda Guerra Mundial, para dar una referencia y contexto histórico sobre cuánto ha pasado. El cadáver de la pequeña fue descubierto dentro del terreno hacia las nueve  horas de la mañana del 24 de mayo de 1945, bajo un árbol del sector que da hacia la avenida Beaucheff, enfrente de la calle Antofagasta y cerca de la tribuna de la elipse. El hallazgo, realizado accidentalmente por Ismael Badilla García, soldado de los cercanos Arsenales de Guerra, desencadenó de inmediato una frenética búsqueda para dar con la identidad de la niña, así como la del desalmado y cruel asesino.

Placas de agradecimientos y ofrendas para la Marinita hacia 2003, en imagen publicada en "Templos de Chile" de Juan Forch. Fuente imagen base: Memoriachilena.

 

Placas de agradecimientos y ofrendas para la Marinita hacia 2003, en imagen publicada en "Templos de Chile" de Juan Forch. Fuente imagen base: Memoriachilena.

Vista del galpón que techa a la animita y sus instalaciones adyacentes.

Siempre hay gente en el lugar de la famosa animita del Parque O'Higins.

El famoso árbol junto al cual se produjo el infanticidio, y que ahora es parte del conjunto animístico.

Altar principal de la animita. Algunos devotos suponen que señala el lugar exacto en donde fue encontrado el cuerpo de la niña.

Hacia el mediodía pudo precisarse el nombre de la fallecida: era Marinita, de sólo tres a cuatro años con domicilio en calle Roberto Espinoza 1641, pieza 5, dirección ubicada a cuatro cuadras hacia el poniente del mismo lugar del parque en donde había sido hallado el pequeño cuerpo. Aquella casa era de su abuela y vivía allí con su madre y su padrastro, identificados como una pareja joven. El número correspondía a una casa de estilo art decó sencillo que pasó años después a un establecimiento comercial, dicho sea de paso.

El nombre de la niña figuraba con una denuncia por desaparición realizada por su padrastro, Pedro Segundo Castro San Martín, en la Cuarta Comisaría de Carabineros de Santiago (octava en algunas versiones). Cierta información reproducida en la prensa y compartida hasta hoy entre los devotos de la animita, decía también que Marinita era sorda y muda como hemos comentado ya y como aparece incluso en la propia inscripción principal de la cruz de la actual animita. Empero, esto no consta a investigadores como Karen Müller Turina, hija de Oreste Path quien trató también este caso: todo indica que se trataría de una más de las varias adiciones que la tradición y el folclore oral fueron prendiendo al relato original.

Los primeros peritajes confirmaron que Marinita había sido atacada brutalmente en el cuello con un arma cortopunzante en el mismo sitio, agresión con la que el asesino aseguró su muerte. Había sido tal el frenesí despiadado del autor de este infanticidio que, según la misma tradición, la cabeza de la pobre niña estaba casi separada del resto del cuerpo a causa de la profundidad de los cortes. De ser real este dato, estremece pensar que debió suceder cuando ella aún agonizaba a causa de las primeras heridas propinadas por aquel infame monstruo. Se cuenta, además, que las sospechas de los investigadores buscando asirse de algo habrían comenzado a barajar la posibilidad de que el responsable pudiese haber sido algún apostador de las carreras de caballos, considerando la proximidad en que se encuentra de este parque el Club Hípico. Sin embargo, el cuerpo había sido encontrado un día jueves, no en los tradicionales viernes de carreras.

Al parecer, el golpe eficaz lo dieron los funcionarios de Carabineros de Chile, quienes habían concurrido a la casa de la madre de la niña, doña Regina Teresa Espinoza Pavez, quien recientemente había cumplido 23 años. Fue ante ella y el mismo padrastro de la víctima que los uniformados expusieron el cuerpo de la pequeña con las abominables heridas en su cuello, esperando que lo reconocieran. Pero, para sorpresa de la policía, ninguno se habría mostrado tan consternado ni impresionado con la espeluznante escena, versión acogida por algunos investigadores, aunque otra creencia asegura que habrían fingido dolor al ser enfrentados con el cadáver. Todo esto encendería de inmediato las balizas de sospecha y dirigió todas las miradas de la investigación hacia ambos.

En la más reciente edición de "L'Animita. hagiografía folclórica" de Plath, se revisan algunas fuentes periodísticas intentando dilucidar cómo se resolvió el caso. Se señala allí que la revista "Vea" del 28 de noviembre de ese año, por ejemplo, indicaba que el capitán Gutiérrez con sus agentes habrían sido quienes observaron huellas de sangre que aún quedaban en un vestón de Castro San Martín y que había intentado borrarlas sin lograrlo del todo, procediendo así a detenerlo. El sujeto se había cambiado su overol por el traje de calle cuando los funcionarios policiales llegaron a su lugar de trabajo para comunicarle del hallazgo de la niña, correspondiente a la misma fábrica de sacos en la que había conocido a Regina. Uno de los carabineros allí presente advirtió los rastros delatores que aún quedaban en la prenda y así fue conminado a confesar el crimen.

Sin embargo, los medios de prensa habrían consignado también que Regina, embarazada de tres meses a la sazón, fue sometida a un interrogatorio tras la llegada de los carabineros a su casa: durante el procedimiento acabó por quebrarse y reconoció que había sido su pareja el autor del asesinato. Él, en tanto, pasado por el mismo procedimiento y acorralado por la policía, admitió los escabrosos detalles de cómo ejecutó el crimen que venía planeando desde hacía tiempo, explicando que sus razones fluían desde el odio desenfrenado que sentía por su hijastra ya que su presencia provocaba constantes problemas y discusiones con la madre desde que ambos vivían juntos. La pareja había contraído matrimonio el 8 de enero de 1944.

Para ejecutar su sangriento plan, entonces, Castro San Martín cambió de turno en la fábrica saliendo antes de lo habitual, hacia a las 17 horas del miércoles 23 de mayo, si bien algunos medios de prensa y placas de agradecimiento señalaron erróneamente, en épocas posteriores, que este crimen ocurrió el día 24 o 28 de ese mes. Con esta modificación de su jornada, entonces, el asesino tenía unas horas libres para cometer su fechoría en aquel día. Al llegar a casa cínicamente con unos dulces de regalo para la niña  partió con ella cerca de las 18 horas, supuestamente para pasear juntos. Fueron caminando así por calle Ñuble, que es la continuación de General Rondizzoni en donde está el acceso sur al parque, pasando después por la calle Antofagasta que por esos años continuaba como sendero dentro del área verde. Karen Müller, sin embargo, asegura que la caminata debió haberla hecho principalmente por avenida Viel.

El tipo llevaba entre sus prendas una cortaplumas que se había encargado de afilar especialmente para el propósito de poner fin a la vida de la niña. Cuando comenzó a oscurecer, entonces, hallándose con ella en el parque, escogió un lugar dentro del mismo que fuese adecuado y poco visible, tomó violentamente a la asustada pequeña que ya lloraba intuyendo algo, la tendió en el suelo y le clavó la cortaplumas en el cuello cortándolo de manera bestial, mientras brotaba de sus heridas una enorme cantidad de sangre según confesó a los interrogadores, manchándose con ella las manos y el vestón. Hay otras versiones sobre la cantidad de heridas y lugares del cuerpo en que los recibió, pero nos ceñimos al relato de Plath. Los gritos de la niña sólo lograron enardecer a su agresor, quien hundió más todavía el arma en su cuerpo esperando conseguir que se callara.

Después de esta carnicería feroz e inexplicable, con una indiferencia todavía más perturbadora, el sujeto se retiró del parque dejando abandonado el cuerpo degollado de su víctima tras limpiar su cortaplumas en el pasto, caminando hacia la casa de su hermana Ercilia Castro San Martín en calle General Gana 2079, a poca distancia. Allí se lavó las manos y el arma, además de intentar limpiar su chaqueta, pero en el apuro o la ansiedad no lo logró hacer bien. Después, marchó hacia su trabajo ya que debía estar allá en el turno siguiente, procediendo a marcar tarjeta con toda calma.

En la fábrica, ya estaba su mujer trabajando. Según él, ella preguntó por la niña temiendo que algo le hubiese sucedido y pidió al sujeto salir con ella a buscarla. Volvieron así a la pieza de calle Roberto Espinoza: verificando que no estaba allí, Castro San Martín partió a la comisaría a estampar la falsa denuncia por desaparición. Cenaron aquella noche y se acostaron a dormir hacia las 22:00 horas, de acuerdo a su versión.

La escalofriante confesión de Castro San Martín fue publicada en el diario "Las Últimas Noticias" del 25 de mayo siguiente, también reproducida en la versión corregida y ampliada del libro de Plath por su hija, en 2018. El juicio duró seis meses y concluyó sentenciando la pena de muerte para el chacal. Sin embargo, una apelación de segunda instancia lo salvó del pelotón de fusilamiento cambiándolo por un largo presidio. Quedará por siempre en la duda el grado de participación que pudo tener o no la madre en este crimen, la que dio luz al hijo del asesino en el mes de noviembre de 1945 y sin dejar de vivir en el mismo domicilio de su madre.

El horror de la noticia, en tanto, había conmocionado a la ciudadanía de aquellos años. Los vecinos comenzaron a improvisar espontáneamente un memorial para la niña en el que habría sido el lugar de su tragedia, instalación que se colmó de flores y velas. A la larga, la convirtieron en la concurrida animita con su nombre, muy presente y activa hasta hoy en el parque. Se le agregó también una glorieta y una especie de lápida o cripta hoy llena de placas de exvotos. La creencia popular dice que el árbol en que se apoya el conjunto es el mismo bajo cuya frondosidad fue asesinada Marinita y que el templete principal señala el lugar donde fue recogido el cuerpo.

Las versiones de los devotos sobre la tragedia de 1945 no aclaran cómo terminó todo para el asesino, sin embargo. Algunos de los seguidores de Marinita creen incluso que el padrastro acabó suicidándose o muriendo de pena, suposición bastante expiatoria para el asesino. Plath intenta traer luz sobre el poco conocido final que tuvo el abominable padrastro y que, para ser francos, no suena injusto en sus palabras: habría sido asesinado por los demás reos con los que compartía celda, pues hasta las leyes de hierro de la delincuencia manifiestan repugnancia por casos como aquel, involucrando crueldades inhumanas en contra de niños. Sin embargo, su hija Karen verificó en el Registro Civil algo muy diferente: que Pedro Castro San Martín murió de caquexia, aparentemente aún en prisión, hallándose en extrema desnutrición y debilidad. Su deceso se produjo el 9 de septiembre de 1971, faltando sólo dos meses para sus 49 años de vida.

El tiempo y la devoción llenaron el lugar de la animita con mensajes de amor, dibujos, juguetes, peluches, muñecas y algunos artículos propios de la edad de la infante, comenzando a instalarse así la creencia de que era un ánima capaz de conceder grandes favores por la protección de los niños y los hijos de quienes realizaran rogativas, desde los relacionados con estudios hasta los más delicados casos de salud. Ganó así una santidad popular que ha perdurado por todos estos años y con miles de placas de agradecimientos, aunque estas iban siendo retiradas o cambiadas de lugar cada cierto tiempo para permitirle espacio a las más nuevas. La Plaza de los Juegos Infantiles del parque fue construida justo enfrente de la animita, curiosamente, casi como si hubiese un interés por dedicarla a ella.

En la parte posterior del tronco del árbol junto al conjunto, muy teñido por los hollines de las velas, quedan algunas placas de gratitud del año 1950, las más antiguas sobrevivientes según parece. Incluso hay una de un tal Carlos Rendich, que no sabemos si corresponde al alguna vez célebre boxeador de la Universidad Católica de la década anterior. Otras placas agradecen haber encontrado trabajo, operaciones exitosas o "hacer caminar" a gente que antes tenía alguna clase de invalidez. Casi no hay un rincón en toda la estructura en donde no haya de estas placas: pretiles, postes, muros, etc.

Los dos depositarios o encargados que ha tenido la animita desde su origen fueron la madrina de Marinita, doña Luisa Sánchez Maturana (fallecida en 1977), y después su hijo Oscar Castillo Sánchez, quien concurría en la mañana de todos los sábados y domingos hasta el lugar para darle mantenimiento y limpiarla. Algunos de los juguetes y peluches que llegan como ofrendas allí son regalados por el encargado a niños desposeídos.

Muchos devotos de la niña, especialmente los llegados en días sábado y domingo, son deportistas, ciclistas, atletas que entrenan en el parque o jinetes del vecino Club Hípico que se encomiendan a su generosidad. Debe recordarse que el recinto del Parque O'Higgins fue importante en el pasado para la práctica y entrenamiento de miembros de clubes deportivos con disciplinas como las nombradas. Otros milagros atribuidos a ella sobre recuperaciones de dolencias físicas e impedimentos, se testimonian con los aparatos ortopédicos y las muletas que hay en el lugar. También se le solicitan favores de interés emocional femenino o relacionados con parejas, pues se considera que la pureza e inocencia en que murió Marinita, dada su corta edad, la volvió un ángel con acceso directo a los reinos divinos.

Su fama trascendió fronteras y llegó así a devotos de países como Argentina, Uruguay, Paraguay y, desde los años noventa, de Perú, en este último caso por inmigrantes de esa nacionalidad podemos conjeturar, existiendo algunas placas de agradecimientos que lo confirman. Entre 1.000 y 1.500 visitas diarias recibía hacia los días del Bicentenario Nacional y los creyentes llegaban especialmente los días lunes, por alguna razón. Empero, el nombre de la animita se ha corrompido en ciertos casos confundiéndose con otros parecidos que figuran en las placas, como Malvinita o Marianita.

3 comentarios:

  1. Lo de las "animitas"es una vergüenza nacional, que no sepan que a quien le encienden velas,no es a una persona fallecida, sino a los demonios que fueron echados del cielo. (Apocalipsis 12: 9) Ningún muerto necesita ni rogativas ni rezos ni nada, puesto que al morir ,toda persona queda perdonada de sus pecados. (Romanos 6: 7)
    (Estudien la Biblia con TT.JJ. para que por ignorancia, no le anden dando idolatría a Satanás el Diablo..!!

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    1. VIEJA CULIA PESA
      DEJA ALA ANIMITA PIOLA
      METET EL PICO SANDO
      SANTO
      VIEJA CULIA

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  2. Sería bueno que postearan sobre el anima de la pampa, la animita más famosa de la región de los Lagos, se habla de ella aquí http://animadelapampapurranque.blogspot.com/2010/07/historia-del-anima-de-la-pampa.html

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